_Vestido negro Fue suficiente para atraer tu atención.
_Guantes de satén Ellos fue la nota de la elegancia.
_Un sombrero Con él cubrí parte de mi rostro.
_Y un perfume embriagador. Esta fue la nota que hizo saltar algo más que su nariz.
Cuatro objetos fueron suficientes para una velada deliciosa, el glamour era evidente, ahora tendríamos que ver si tú me dabas la talla.
Te diste prisa en bajarme la cremallera del vestido, ahí cometiste un error, antes debes besar a la dama si el beso no convence no lo hará nada.
Con manos ágiles, te desprendiste de él, tus ojos eran picaros pero tu piel no me quemaba.
Seguiste activo, más no te fijaste que yo era una estatua, bella pero sin calor alguno.
Cuando me dejaste casi desnuda me miraste y ahí viste que mi cara no estaba excitada.
Echaste un paso atrás y sonrojado en voz baja me dijiste...Perdona
Ahora fui yo quien se dirigió hacia ti, puse mis manos en tu hombro y te di la vuelta, te mire a los ojos en ellos vi pasión, deseo y hasta me atrevería a decir que lujuria tan bien.
Caminamos hacia el salón, nos tomamos nuestro tiempo de conversación y hasta una copa nos acompaño.
Que distinto eras del hombre que antes sin posar sus ojos en los míos quiso poseerme sin más, ahora teniamos complicidad, sabíamos aunque poco algo más y sobre todo nuestras manos se fueron rozando poco a poco y sin darnos cuenta nuestros cuerpos comenzaron a vibrar, ese primer beso hizo saltar toda mi espina dorsal, ahora si, mi cuerpo te deseaba comenzaba a ser un pequeño volcán, en ti estaba que llegará a erupcionar.