sábado, 29 de agosto de 2026

La mujer siguió pensando ...

 



No necesitaba tocarle para senntirle. Acostada en su cama con esa mezcla de calma y fuego su cuerpo comenzaba a gozar. En su mente, las ideas se volvían atrevidas, pero no prohibidas: imaginaba posibilidades, gestos que no ocurrían pero que la hacían sonreír, palabras que nunca se dicen en voz alta, y esa certeza de que el deseo más poderoso es el que vive en la imaginación.

No buscaba romper límites, sólo rozarlos con la punta del pensamiento, como quien acaricia una puerta sin abrirla, sabiendo que a veces lo más intenso es lo que aún no sucede.

                                                       Campirela_ 

 

 

viernes, 19 de junio de 2026

Feliz Verano ¡Hasta pronto!

 

     

“Feliz verano… me voy un instante, pero dejo mi sombra en la cortina y mi susurro en el aire.”


Dicen que el verano guarda lo que uno intenta olvidar, y quizá por eso, al caer la tarde, ella sintió de nuevo aquel temblor.

No era nostalgia, era la huella de una presencia que aún respiraba en su piel, como si el recuerdo tuviera manos.

Se asomó a la ventana y dejó que el aire cálido le rozara el cuello. Cerró los ojos. Bastó ese gesto para que regresara la sombra de quien un día la miró como si pudiera leerla entera.

No necesitó tocarla para encenderla, le bastó pronunciar el nombre que le puso, con una calma que desarmaba. Desde entonces, cada palabra que ella escribe lleva un poco de esa voz, un eco que no se apaga.

Pensó en él —en lo que dejó, en lo que despertó, en lo que aún vibra cuando nadie la ve— y sonrió con esa mezcla de vértigo y ternura que solo provocan las marcas verdaderas. No quería borrarlo. Tampoco retenerlo. Solo agradecerle la chispa que despertó en ella.

El verano le rozó la clavícula como un susurro cómplice, y ella entendió que era momento de descansar.

Pero antes de cerrar la ventana, dejó una última intención flotando en el aire, una despedida suave, abierta, casi un desafío.

Porque hay presencias que no se marchan; simplemente esperan el próximo latido.

—Vuelvo en septiembre —pensó—. Y la noche, cómplice, pareció guardar el secreto.

Campirela_


sábado, 9 de mayo de 2026

Un deseo escondido

 


Entre sombras y destellos de la noche ella aparece con una presencia que no necesita anunciarse. El vestido negro, ligero como el humo, abierto justo donde la imaginación empieza a encenderse, deja ver unas piernas que van  encendiendo por donde pisan. 
Ambas marcadas por un tatuaje que cuenta historias sin palabras. El sombrero ladeado le da ese aire de peligro delicioso, enmarca su mirada misteriosa, y a su lado descansa una escoba que parece más un símbolo de poder  No es una bruja cualquiera; es la tentación hecha figura, la que convierte cada mirada en un incendio y cada paso en una promesa.

Sensual, libre y dueña de su propio encanto, se mueve entre lo mágico y lo terrenal. Esta noche, ella no se disfraza, simplemente revela una parte de sí misma que siempre estuvo ahí, esperando salir.

          Campirela_


sábado, 25 de abril de 2026

Latido

 


Latido

No se dijeron nada, ni falta que hacía; el silencio entre ellos era un idioma aprendido en cartas que marcaron su historia.

Se miraron como quien reconoce su casa; a pesar del tiempo transcurrido, este no les había vencido, solo los había afilado.

Las manos temblaban, no por miedo, sino por memoria de un deseo contenido.

Ella rozó su espalda como si tocara un piano, suave, ágil, decidida a sentir ese cuerpo que tanto deseaba.

Él cerró los ojos, y su cuerpo se volvió piel, y su respiración acelerada.

Dos cuerpos como brújulas desorientadas  buscando entre ambos ese norte en el otro.

No hubo prisa, solo urgencia de recuperar lo que el reloj les robó… Tiempo

Y cuando sus bocas se encontraron, no fue un beso, fue un  pacto, un latido compartido.

Un incendio que quemaba, unas llamas candentes; el deseo dejó de ser hambre para pasar a devorarse como tantas veces lo habían soñado en sus mentes.

Se oyó un latido... Después, vendrían los ansiados gemidos para más tarde desbordar la lava de sus cuerpos extasiados por el placer obtenido.

Campirela_

jueves, 16 de abril de 2026

Temblor

 


La luz la atrapaba justo donde empezaba el temblor. No era un temblor visible, sino uno que se adivinaba en la forma en que su pecho buscaba aire, en la manera en que sus dedos dudaban antes de tocarse. La sombra le cubría el rostro, pero dejaba al descubierto algo más íntimo...la intención.

Había una tensión silenciosa en su postura, como si su cuerpo estuviera escuchando un deseo que aún no se atreve a pronunciarse. La luz recorría su piel con una lentitud casi cruel, revelando apenas lo suficiente para encender la imaginación y ocultando lo que más ardía.

No hacía falta movimiento. Bastaba ese instante suspendido, esa respiración que parecía contener un secreto. Un secreto que no se mostraba, pero que llenaba la habitación como un perfume oscuro.

Ella no provocaba. Tampoco rechazaba. Simplemente estaba ahí, en el borde exacto donde la imaginación empieza a perder el control.

Campirela_

sábado, 21 de marzo de 2026

El gesto que sostiene




 Él tomó sus manos y las elevó con la calma de quien conoce cada silencio que ella guarda.

No hubo prisa, solo ese gesto lento que parece nacer del aire cuando dos personas se entienden sin necesidad de hablar.

Ella dejó que sus brazos subieran, por esa confianza suave que se construye con miradas, con gestos pequeños, con la certeza de que el otro sabe sostener sin apretar.

Sus dedos quedaron allí, sobre su cabeza, como si el mundo se hubiera detenido en un punto exacto de equilibrio.

Y en ese instante suspendido, solo existía una danza silenciosa, una tensión delicada, un hilo invisible que unía sus respiraciones.

Era un gesto simple, pero cargado de una elegancia antigua, de esa que no necesita adornos porque nace de la intención.

Y mientras sus manos permanecían arriba, ella sintió algo extraño y hermoso;

Que a veces la verdadera fuerza es dejarse llevar por quien sabe tocarte sin romperte.

“puedo sostenerte sin retenerte”.

Campirela_