DIECINUEVE BESOS
Eran diecinueve besos que no buscaban prisa, sino verdad. Se posaban justo en ese lugar donde la piel deja de ser solo piel y se convierte en un territorio distinto, más cálido, más honesto. Allí quedaron, perdidos a propósito, como si cada uno supiera exactamente dónde nacer y dónde arder.
Mientras avanzaban, descubrían tu lenguaje silencioso, ese que solo se revela cuando la respiración cambia de ritmo. Y en cada beso había una promesa pequeña, un incendio discreto, una forma suave de decirte que el deseo también sabe ser delicado. Así, esos diecinueve besos fueron trazando la geografía que tu cuerpo invitaba a temblar, guardando en su recorrido el secreto más íntimo que ofrecías sin palabras.
Campirela_
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