viernes, 30 de enero de 2026

Diecinueve Besos


DIECINUEVE BESOS

Habían sido diecinueve besos. No los conté al principio; simplemente fueron apareciendo, descendiendo con la calma de quien conoce el camino hacia el punto más vulnerable del otro. Se detuvieron en la curva donde el deseo despierta, en esa frontera sutil donde el cuerpo deja de fingir serenidad y empieza a hablar en su propio idioma.

Eran diecinueve besos que no buscaban prisa, sino verdad. Se posaban justo en ese lugar donde la piel deja de ser solo piel y se convierte en un territorio distinto, más cálido, más honesto. Allí quedaron, perdidos a propósito, como si cada uno supiera exactamente dónde nacer y dónde arder.

Mientras avanzaban, descubrían tu lenguaje silencioso, ese que solo se revela cuando la respiración cambia de ritmo. Y en cada beso había una promesa pequeña, un incendio discreto, una forma suave de decirte que el deseo también sabe ser delicado. Así, esos diecinueve besos fueron trazando la geografía que tu cuerpo invitaba a temblar, guardando en su recorrido el secreto más íntimo que ofrecías sin palabras.

Campirela_


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