sábado, 25 de abril de 2026

Latido

 


Latido

No se dijeron nada, ni falta que hacía; el silencio entre ellos era un idioma aprendido en cartas que marcaron su historia.

Se miraron como quien reconoce su casa; a pesar del tiempo transcurrido, este no les había vencido, solo los había afilado.

Las manos temblaban, no por miedo, sino por memoria de un deseo contenido.

Ella rozó su espalda como si tocara un piano, suave, ágil, decidida a sentir ese cuerpo que tanto deseaba.

Él cerró los ojos, y su cuerpo se volvió piel, y su respiración acelerada.

Dos cuerpos como brújulas desorientadas  buscando entre ambos ese norte en el otro.

No hubo prisa, solo urgencia de recuperar lo que el reloj les robó… Tiempo

Y cuando sus bocas se encontraron, no fue un beso, fue un  pacto, un latido compartido.

Un incendio que quemaba, unas llamas candentes; el deseo dejó de ser hambre para pasar a devorarse como tantas veces lo habían soñado en sus mentes.

Se oyó un latido... Después, vendrían los ansiados gemidos para más tarde desbordar la lava de sus cuerpos extasiados por el placer obtenido.

Campirela_

jueves, 16 de abril de 2026

Temblor

 


La luz la atrapaba justo donde empezaba el temblor. No era un temblor visible, sino uno que se adivinaba en la forma en que su pecho buscaba aire, en la manera en que sus dedos dudaban antes de tocarse. La sombra le cubría el rostro, pero dejaba al descubierto algo más íntimo...la intención.

Había una tensión silenciosa en su postura, como si su cuerpo estuviera escuchando un deseo que aún no se atreve a pronunciarse. La luz recorría su piel con una lentitud casi cruel, revelando apenas lo suficiente para encender la imaginación y ocultando lo que más ardía.

No hacía falta movimiento. Bastaba ese instante suspendido, esa respiración que parecía contener un secreto. Un secreto que no se mostraba, pero que llenaba la habitación como un perfume oscuro.

Ella no provocaba. Tampoco rechazaba. Simplemente estaba ahí, en el borde exacto donde la imaginación empieza a perder el control.

Campirela_

sábado, 21 de marzo de 2026

El gesto que sostiene




 Él tomó sus manos y las elevó con la calma de quien conoce cada silencio que ella guarda.

No hubo prisa, solo ese gesto lento que parece nacer del aire cuando dos personas se entienden sin necesidad de hablar.

Ella dejó que sus brazos subieran, por esa confianza suave que se construye con miradas, con gestos pequeños, con la certeza de que el otro sabe sostener sin apretar.

Sus dedos quedaron allí, sobre su cabeza, como si el mundo se hubiera detenido en un punto exacto de equilibrio.

Y en ese instante suspendido, solo existía una danza silenciosa, una tensión delicada, un hilo invisible que unía sus respiraciones.

Era un gesto simple, pero cargado de una elegancia antigua, de esa que no necesita adornos porque nace de la intención.

Y mientras sus manos permanecían arriba, ella sintió algo extraño y hermoso;

Que a veces la verdadera fuerza es dejarse llevar por quien sabe tocarte sin romperte.

“puedo sostenerte sin retenerte”.

Campirela_

viernes, 13 de marzo de 2026

El arte de esperarte

 



Había en su postura una quietud que encendía.
Sus manos, reposando con suavidad sobre su pecho, parecían guardar un secreto cálido,
y sus piernas, cruzadas con esa naturalidad que no pretende nada,
dibujaban un gesto capaz de detener el tiempo.
No buscaba llamar la atención;
simplemente existía en ese instante perfecto
donde la ternura se mezcla con un deseo que respira lento,
como una brisa que apenas roza la piel.
Su mirada —calma, profunda, casi distraída—
tenía la delicadeza de quien invita sin palabras,
de quien sabe que la verdadera seducción
no está en mostrar, sino en sugerir.
Y así, en ese silencio lleno de significado,
ella dominaba el arte más antiguo y más sutil
el arte de esperarte,
de hacer que cada pensamiento que nace en quien la observa
sea una historia posible,
una caricia imaginada,
un suspiro que aún no se atreve a nacer.
 Campirela_


viernes, 13 de febrero de 2026

La Hechicera del Carnaval


La hechicera del Carnaval

En la noche donde el carnaval desata sus secretos,

Ella aparece.

Bruja de belleza inquietante,

con cuernos que brillan como un antiguo presagio.

Un vestido que respira sombras y luna.

Avanza entre tambores y risas,

el mundo parece detenerse un instante.

En su mano, una manzana carmesí,

pulida como un pecado recién nacido,

Promesa silenciosa que invita a perderse.

Dicen que no es demonio ni mito,

Sino tentación hecha figura.

Cuando te mira,

la música baja la voz

Solo queda su gesto.

Suave, seguro, irresistible.

Te ofrece la fruta.

No habla.

No hace falta.

Ella sonríe,

Porque sabe que esta noche

Todos quieren pecar un poquito.

Y mientras la música arde,

Te ofrece la manzana,

cercana,

tentadora,

como si el mundo entero dependiera

De ese mordisco.

Campirela_

viernes, 30 de enero de 2026

Diecinueve Besos


DIECINUEVE BESOS

Habían sido diecinueve besos. No los conté al principio; simplemente fueron apareciendo, descendiendo con la calma de quien conoce el camino hacia el punto más vulnerable del otro. Se detuvieron en la curva donde el deseo despierta, en esa frontera sutil donde el cuerpo deja de fingir serenidad y empieza a hablar en su propio idioma.

Eran diecinueve besos que no buscaban prisa, sino verdad. Se posaban justo en ese lugar donde la piel deja de ser solo piel y se convierte en un territorio distinto, más cálido, más honesto. Allí quedaron, perdidos a propósito, como si cada uno supiera exactamente dónde nacer y dónde arder.

Mientras avanzaban, descubrían tu lenguaje silencioso, ese que solo se revela cuando la respiración cambia de ritmo. Y en cada beso había una promesa pequeña, un incendio discreto, una forma suave de decirte que el deseo también sabe ser delicado. Así, esos diecinueve besos fueron trazando la geografía que tu cuerpo invitaba a temblar, guardando en su recorrido el secreto más íntimo que ofrecías sin palabras.

Campirela_


viernes, 16 de enero de 2026

El Saxo

 


La noche parece detenerse cuando ella levanta el saxo.

Envuelta en negro, la camisa entreabierta deja escapar un destello de piel que no busca llamar la atención, pero la reclama igual. El sombrero inclina su sombra sobre una mirada que no se ve, pero se siente.

La margarita en su pelo rompe la oscuridad como un secreto blanco, y la curva de su pierna, apenas revelada entre las botas altas, dibuja un deseo que no se nombra.

Cuando alza el saxo, el aire cambia.

No toca, seduce.

Cada nota es un trazo lento, un humo tibio que se enreda en las gargantas, un gemido que se desliza por la piel como un secreto que nadie debería oír, pero todos desean escuchar.

Su música no busca aplausos, busca miradas.

Y las consigue.

Porque hay algo en su forma de respirar entre frase y frase, en ese vaivén suave del cuerpo, que convierte el jazz en un roce invisible, en un deseo que se queda suspendido, vibrando, justo antes de hacerse evidente.

Ella no provoca.

Ella improvisa.

Y en cada improvisación deja un rastro que arde sin quemar, un deseo oculto que solo el jazz sabe despertar.

Campirela_