viernes, 5 de enero de 2024

La Novicia


Otro año más nuestro bloguero y compañero de letras Dulce, nos ofrece este baile de Máscaras, donde nuestra mente divaga al son del erotismo que envuelve una noche mágica.

Mi carta elegida me da tres objetos que debo incorporar al baile:Una Cruz, una plabra - Vampiro- y un color, el negro.

Muchas gracias, Dulce.





 La novicia

 Cerró su celda y cogió la pequeña maleta, en ella solo llevaba el misal y una muda, pues tan solo pasaría dos noches con sus padres.

En la puerta del convento se hallaba el chofer que la llevaría después de tres años a su hogar, a su pasado.

Tan solo con quince años ingresó en el convento de las Divinas Pastoras, ella no quería, fue decisión de sus padres, esos modales de mujer liberal escandalizaron a esa sociedad hipócrita que la rodeaba, sus padres no supieron estar a la altura, pensaron que alejándola de la civilización calmarían las habladurías.

En los tres años transcurridos tuvo tiempo de rezar, de empaparse de la vida de los Santos, pero cada noche, en la soledad de la celda, sus manos recorrían su cuerpo, sentía como se erizaba su piel, sus dedos se estremecían refugiándose entre su camisón.

Se despidió de la abadesa con un roce de beso en la mano y una leve inclinación. Cuando subió al carruaje, fue una liberació, por fin estaría todo el recorrido sola, sin que ningún ojo oculto la estuviera espiando.

Faltaba más de medio camino cuando oscureció, el trayecto apenas lo recordaba, pues, el paisaje era un bosque tan tupido de árboles que apenas dejaba ver las estrellas, en sus pensamientos iba cerniendo que haría esos dos días de libertad, si reflexionar sobre estos tres años o en huir en busca de su libertad.

Algo ocurrió de repente, el cochero frenó, dándose con la cabeza en el cerco de la ventana. 

— Hermana, perdóneme la brusquedad. Tenemos un pequeño problema. La rueda trasera se ha salido y es imposible seguir el viaje.

—No se preocupe,caminaremos hasta llegar a la posada más cercana para pasar la noche.

—Creo que a unos tres kilómetros había una casona grande, puede que alguien se apiade de una religiosa y nos dé cobijo. 

Ambos echaron andar, el cochero llevaba la maleta de la novicia. Esta detrás de él, vigilaba cada paso que daba pues sus alpargatas no estaban hechas para caminar por ese camino agreste de hojarasca y piedras. 

 La noche era fría,y por momentos la niebla les impedía avanzar.De repente un corcel negro  relichando se detuvo a su lado, los dos quedaron quietos sin saber qué decir. Ese majestuoso animal era todo un poder de la naturaleza, al igual que el hombre que lo montaba.

—¿Qué les ha ocurrido para que una religiosa y su acompañante anden por este lugar en una noche tan fría y oscura?la voz era profunda, con tintes de dominación.  

—Señor, se nos rompió la rueda trasera y no podemos seguir rumbo al hogar de la hermana Ángela. ¿Sería usted tan amable de decir si en este camino se encuentra alguna fonda para pernoctar?

—No será necesario, seguidme, les alojaré en mi casa. Hermana, deje que la llevé a lomos de mi corcel, veo que sus zapatillas están a punto de dejarla con los pies al aire y la noche no acontece.

Al darle el brazo para engarzarla al lomo del caballo, sintió un hormigueo en el cuerpo ¿cuanto hacía que un hombre no la tocaba? Él, por su parte, sintió algo raro, su cuerpo se estremeció, pero no de deseo, sino de pánico, algo no funcionaba.

Esa mujer con ese hábito negro llamó su curiosidad, pero algo no estaba funcionando, hasta que por fin vio la cruz que asomaba entre sus pechos.

Tenso todo su cuerpo, procuró no tocar un ápice del hábito galopando hasta llegar a su mansión.

La hermana Ángela temblaba  de frío y de miedo. Aquel hombre de aspecto viril la producía una sensación extraña. Sus ojos eran oscuros tanto como su pelo, sus labios carnosos y la dentadura blanca hacían resaltar la belleza varonil.

—Hermana, debería cambiarse de vestido, está mojado  por las nieblas de la noche.

— No tengo otro hábito, solo llevo dos mudas para el corto viaje que estaba realizando hasta encontrarnos con este infortunio, quizá si hay un buen fuego pueda secar mis ropas.

—Venga, la llevaré a la biblioteca, allí siempre está encendida la chimenea, pero creo que no será suficiente. Si a usted no le importa en las habitaciones hay ropa de mujer y puede que sea de su talla.

—Perdone, pero se habrá dado cuenta de que yo no soy una mujer normal, soy una religiosa a punto de dar mi vida al Señor y usted habla de ponerme unas ropas de mujer. No estaría obrando con mis votos de humildad y castidad.

El caballero la miró con ojos penetrantes, evitando mirar el crucifico, esa cruz tenía que quitárselo del medio lo antes posible. Cada vez que sus ojos iban hacia ella, sus colmillos se afilaban rozando casi su labio inferior.

—Hermana, al menos despójese de su crucifijo, así se secará antes el vestido. 

Él la dejó sola en esa sala, curiosa comenzó a mirar cada estantería, podía ver libros escandalosos, la llamó la atención uno que estaba abierto sobre una mesa de madera. Al acercarse, vio imágenes obscenas de mujeres desnudas abiertas de piernas con hombres sobre ellas, cada uno poseyéndolas en diferentes formas.Su curiosidad era tal que comenzó a sentir una ola de calor y fue el momento en el que se desprendió de su crucifijo.

Ojeó más sin percatarse de que aquel, el caballero  la observaba a través de las cortinas que hacían de biombo entre esa sala y su despacho. Allí agazapado sentía como esa mujer le atraía como ninguna otra, pero esta vez no era por tener unos pechos exuberantes, ni una ropa sensual, ni tan siquiera sabía como era su cabello,pues este iba cubierto, pero algo le decía que esa mujer iba a ser suya, tal vez esa noche no, pero quizás antes de amanecer.

Ángela por un momento sintió que alguien la miraba, pero allí estaba ella sola, se acercó al fuego y levanto con timidez los hábitos y sus piernas quedaron al descubierto, él desde la distancia vio algo extraño en su ropa interior, alrededor de su cintura portaba un cinturón que rozaba sus partes más intimas, no podía ser, esa joven llevaba un cinturón de castidad.

El fuego del hogar calentaba su cuerpo a la vez que  sentía arder algo por dentro, aquellas imágenes  quedaron clavadas en su retina, podía sentir el cuerpo del varón sobre ella, recorriendo todo su piel y sin darse cuenta sus manos fueron a sus pechos los cuales los acaricio con lentitud, ésto al otro lado estaba alterando la entrepierna del hombre que no sabía si mitigar el acaloramiento de la joven o ver como transcurría la escena.

La hermana Ángela, cerró sus ojos y dejó su mente volar. Hacía mucho tiempo que no tenía esa necesidad de acariciarse, de sentir aquello que hizo que sus padres la convirtieran en una novicia que ella nunca deseó, la llamada de la religión.

Sin darse cuenta se fue desprendiendo de su primer hábito, quedándose en una camisa que la cubría hasta las rodillas, sus pechos se marcaban con nitidez. Él pudo ver aquellos pezones erectos como velas apuntado hacia el santísimo, su cuerpo comenzó a convulsionar se dirigió con sigilo hacia ella.Posó las manos en sus hombros y acercándose despacio,sin hablar, solo besó su cuello. Ella se estremeció, pareciera que le estaba esperando.

Sus colmillos querían saciarse de ese cuello esbelto y ese olor a santidad, pero se detuvo, solo quería gozar y que ella sintiera lo mismo.

Como dos almas que se encuentran por primera vez, se entregaron al deseo, la lujuria y el placer.

Cuando sus besos se posaron en sus labios, comprobó como hombre experto en el sexo, que ella era novel en las artes amatorias, no hizo falta decir, sus ojos se lo dijeron, por eso, sello su boca con un beso que la obnubiló de tal forma que casi desfallece, la sentó en el sillón y acercó una manta para posarla en el suelo al lado del fuego.

La llevó hasta ella con caricias, la fue despojando poco a poco de su ropa hasta quedar solo con ese cinturón, que la hacía aún más exquisita.

 Sus suspiros y gemidos recorrían toda la instancia, sus manos jugueteaban en acariciar el pelo, a desabrochar cada botón de la camisa, a reír como una niña cuando juega con su muñeco. Él sentía que esa noche algo importante iba a pasar en su vida.

El nivel de deseo fue creciendo conforme las caricias iban aumentando. Él la guiaba donde debía acariciar, tocar, arañar...hubo un instante de pasión cuando lamió sus pezones que no pudo contener su primer alarido. Su lengua quiso dar las gracias de ese placer recibido, haciendo que esta recorriera su pecho, bajaran por su ombligo y llegara hasta donde encontró algo que llamo su atención, era la primera vez que veía un hombre desnudo y aquello jamás lo hubiera imaginado, retrocedió con un gesto de pavorpues vio moverse algo que parecía tener vida propia, él la miró y con dulzura, le indico que aquello era su sexo, y ella podría disfrutar de él tanto como quisiera.

Su boca fue descendiendo, acarició todo su falo, lo lamió, lo saboreó, al principio  sus arcadas eran grandes, pero luego  sereno su garganta hasta llegar a controlar los impulsos, pues veía que él se retorcía, ella se sentía poderosa, el placer antes recibido por él ella se lo estaba compensado, aquellos movimientos cada vez más rápidos hizo que de su juguete saltara un líquido cálido que la mojo toda su cara.

Fue un momento único, en sus años de placer nunca había tenido un orgasmo tan rápido. La inexperiencia de la joven le arrancó su hombría en segundos de placer.

Ella se limpió con su camisa y le sonrió, no sabía qué decir, se acurrucó debajo de su pecho y solo le dijo: 

Perdón.

—No tienes por qué pedir perdón, entre un hombre y una mujer estas cosas suceden.

— Pero yo soy religiosa, y he pecado, mi lujuria ha sido más fuerte que mi amor al Señor.

— Tal vez ese sea el pecado, que tú no estás hecha para dedicar tu vida a la Congregación.

Entre ellos fluyó una conversación donde ella le contó su historia y él la escuchó. Aquella mujer levantó en él una pasión desconocida, no solo era sexo lo que deseaba de ella, tal vez comenzaba un nuevo año con alguien a su lado, pero no de una noche...

Siguieron hablando, hasta que sus besos comenzaron a ser de una intensidad que necesitaban satisfacer. 

Solo había un problema aquel cinturón impedía que tuvieran relaciones completas.

  Él no sabía que ella guardaba la llave y esta no era otra que la cruz, se levantó, fue a por ella y abrió la cerradura, lo dejó lo más lejos posible, la entrelazó junto a él.

Sus manos eran hábiles, tenía que ser cuidadoso, aquella virgen dejaría de serlo en la fecha más bonita del año, el cierre de un año y comienzo de una nueva vida, una mujer.

Tenía que prepararla para ello, y así fue como sus dedos entraron en ella, haciendo que se abriera para él, sus gemidos eran cánticos, pues sabía que sería su dueño siempre, sus manos jugaban con sus pechos, su boca mordía con delicadeza esos pezones, duros como el diamante, su lengua bajaba por sus caderas haciéndo que estas se elevaran y se movieran a cada embestida de su mano.

Todavía tenía que tenerla más ardiente para no hacerla daño, sabía cómo hacerlo. Su boca bajó hasta su sexo y en él se detuvo, lamió sus labios, y ella abrió aún más sus piernas. Sus manos acariciaban su cabeza, haciendo que se hundiera más en ella. No sabía lo que venía después.

Cuando sintió su lengua en su clítoris, su grito fue tan intenso que aquel libro que yacía sobre la mesa calló, con sus páginas abiertas, justo con esa misma posición.

Los orgasmos iban y venían hasta que por fin era hora de que esa niña se convirtiera en mujer.

La poseyó de manera que ella pudiera verle la cara, quería ver su rostro, cómo se iluminaba, la sentó a horcajadas y lentamente la fue bajando hasta que su miembro erecto y cálido entró en esa cavidad, dándole respuesta de que él era el primero en entrar en su mundo de mujer.

Sus embestidas una vez pasado aquel obstáculo fueron creciendo, de manera que ella pudo disfrutar de su primera vez, jamás pensó que eso la fuera a ocurrir. Cuando ella se tocaba sentía placer, pero aquello era la maravilla del mundo.

La noche transcurrió entre conversaciones y placeres, que fue descubriendo poco a poco.

Aquel vampiro, todavía no lo sabía, sería su señor el resto de sus días.

Jamás volvió al convento, nunca supo más de sus progenitores. 

Al día siguiente, la fiesta de fin de año se celebró en aquella mansión, su amo y su señor era el anfitrión.

Ella bajaría al salón a las doce en punto. Su invitación la encontró en la almohada, su carta esta vez era el lado oscuro. 

 Su traje ya no era el hábito, lo cambió por un traje de terciopelo negro que marcaba sus caderas de mujer, sus pechos resurgían en su plenitud y esa raja enseñaba que sus piernas habían gozado la tersura de su piel así lo decía.

 Un baile de máscaras, en donde solo ellos sabían qué había ocurrido horas antes del acontecimiento. 

Campirela_







Gracias, Dulce por tus regalos, todo un placer poder participar como cada año en tu baile de máscaras.
Hasta el próximo....

sábado, 16 de diciembre de 2023

Una Navidad Mágica






 FELIZ NAVIDAD...

Me pides que desnude mi cuerpo 

porque con tu boca ansiosa quieres derretirme. 

Bucólicas se encuentran nuestras miradas,

 acentuadas por la lujuria del deseo… 

el mismo que usas para morder mi boca

 mientras te agarro por el pelo. 

Qué bonita estampa de navidad,

 me dices, cuando ves vislumbrar

 entre mi lencería roja… 

todos los adornos de mi cuerpo escultural.

Cuando las doce campanadas comiencen a dar, 

nosotros estaremos desaparecidos.

 Tu miembro hará que la campana 

no deje de sonar.

 Me propones una cena rica: 

De entrante, las cerezas de mis pezones, 

de primer plato tu ombligo de sudor relleno,

 de segundo mi concha con sabor a mar...

 Y de postre las fresas de tus labios,

 aderezados con lengua trufada de pasión. 

Para el día de reyes

 ya sé cuál es mi regalo …

 un consolador de oro forjado,

 de mirra e incienso perfumado.

Campirela_


viernes, 1 de diciembre de 2023

Derroche

            

Quiero bajarme de esa nube donde tu voz resopla esperando el choque de esa ola, que lo derrita de pasión.

 Muéstrame como saltan tus orgasmos, como el vino espumoso cuando estalla en ebullición. Mi cuerpo desnudo yace en el suelo esperando tus caricias, tus labios boquean, como la boca del pez cuando busca diversión. 

Vigilas mis espasmos como si de orgasmos se tratara, y no te das cuenta de que eso es lo que deseo, tener ese placer que recubra mi cuerpo de sudor, el cual se convierta en aroma placentero.

Campirela_




viernes, 10 de noviembre de 2023

Armónico

 


Me dejo acariciar como si fuera una guitarra 

me haces sentir todas las caricias en mi cuerpo

con tus yemas rodeas mi senos

tus manos son como el ecualizador

igual que cuando punteas la guitarra.

Mis gemidos son los acordes primeros

después vendrán otros, más afinados

los que saldrán de mi cuerpo.

Igual que en un concierto 

será nuestra entrega

tú entrarás 

y yo comenzaré a bailar 

sobre tu miembro.

Mis piernas temblarán con el deseo

ese que no cesas de darme,

 hasta lograr  que me derrame.

Así es como terminará este concierto 

tras la guitarra habrá una mujer

 embriagada en la lujuria

del hombre a quien ama.

Campirela_



viernes, 3 de noviembre de 2023

Alucinación pecaminosa ( versión cómica)




 Esta historia es de una gran fantasía, pues lo observe un día de luna llena, paseaba por el bosque más yo creyéndome que estaba a solas, cuál fue mi sorpresa por no decir susto el que os voy a relatar a continuación …

Oí risas y algún que otro susurro pensando en la oscuridad de la noche (aunque la luna brillaba) dos jóvenes estarían disfrutando de los placeres de la madre tierra, es decir, fornicando, pero nada más lejos no penséis que estoy loco que bien cuerdo estoy, con dos ojos vi algo que me dejo circunscrito para el resto de mi vida. Cada vez el sonido lo oía más cerca así, pues astuto me quede quieto entre unos pequeños matorrales para al fin poner cara a esos dos enamorados. Cuál fue mi sorpresa a ver un Pene bien empalmado, no había pellejo, sino que todo era carne y estaba bien tieso, hasta aquí podréis decir normal se estaba preparando para la batalla final … Pero no amigos, este Pene no tenía hombre que lo sujetara, estaba él solo, fijo a la tierra. Le vi que giraba y con su ojo miraba, estaba nervioso, me dio la sensación que alguien esperaba. No más de un minuto oí como alguien se acercaba y al girar mi cabeza vi algo rosado, arrugado y alguno que otro pelo que brillaba, cuando quise forzar más mi vista allí estaba la Vagina con su Pepitona rosa hinchada como la nariz de un payaso. Aquel Pene no se arrugó, al contrario, un brinco dio y con buen acierto hacía ella entró, esta lo esperaba para saciar su sed, sus suntuosos labios más se abrieron y ese clítoris creció tanto que el Pene se las vio para poder conquistar su cueva y aclamaba la biblia en verso de tal placer. Chorreaba como un volcán de erupción, inmensa reguera corría entre los dos, pensé que, si no me movía allí, me ahogaría. Como pude me arrastre entre los matorrales y volví a mi casa, medio negro, medio blanco, pues no daba crédito a lo que vi en el bosque. Quizás fueran almas en pena, ya que ahora que recuerdo era el día de los Santos y tal vez fuera la penitencia de ese que llamaban el Juan tenorio y su dama Doña Inés. Tal vez fuera Satán quien de sus cuerpos saco sus partes intimas para que vagaran como almas errantes cumpliendo condena, y esa no fuera otra que darse placer. PD: El texto es puro humor de una versión mía sobre Don Juan Tenorio y Doña Inés de sus partes intimas … Campirela_

viernes, 13 de octubre de 2023

La Cita

 


Allí estaba en mi primera cita

con mi vestido de gala, te esperaba

Tú llegaste con tus mejores galas

cenamos, entre velas y miradas.

Terminamos la cena con una promesa

en la mente, que esa noche sería diferente.

Me cogiste de la mano, y sin decir palabra encaminamos 

derechos a tu casa.

El deseo contenido cada vez era más fogoso

pues antes de entrar en ella  tus besos me quemaban.

No dimos tregua a los preámbulos  

rompiste mi ropa antes de llegar a la cama.

Fue un sexo desenfrenado, 

nos embadurnamos en nuestros cuerpos

 el deseo nos atrapó

y entre tanta lujuria, yo me preguntaba ¿ mañana qué ropa me pondré?

Campirela_

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viernes, 6 de octubre de 2023

La Calma


 Sentada, mirando a las estrellas

asi es como te espero.

Una noche tras otra

deseando que llegues

para ser nuevamente tuya 

junto al cerco de la ventana.

Allí bajo la luna y las estrellas

nuestros cuerpos se poseerán.

Y entre gemidos de placer

Sentiré como tu vía láctea

va derramándose  entre  mis piernas.

Nuestros cuerpos  explosionarán como dos planetas

Dejándonos mareados, agazapados el uno contra el otro

esperando que las fuerzas se recompongan

para seguir amándonos.

Campirela_